Rapaz.
No hay Adiós que valga
entre tu alma y la mía,
y hoy, y en éste día
yo te escribo, en conciente
sintiendo lo que se siente
cuando el dolor se desvía.
Tu cuerpo creó cenizas
del fuego que en mí existía,
tus besos suspiros fueron
que mis labios pretendían,
con tu piel el cobijo hicieron
de mi piel estremecida,
y tu temblor se ha grabado,
hasta creo, que en mis pupilas.
Y ahora te estoy deseando
muy más que a la vida mía
pensando, solo pensando
en tus manos atrevidas.
Quiero el violento alboroto
de tu amor, enardecida,
tu feroz acometida
en el intento divino,
de ver estrellas fugaces
rodando en el infinito.
Y ahora dejo este verso,
porque muy cerca no estás,
me detiene la distancia
donde mi boca no llega,
me detiene la clemencia
de mi sentir tan rapaz.
Edelmiro Monte 03/10/04
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